100 años de soledad – La historia de su creación y traducción.

¿Fue una buena lectura? 😀

El siguiente es el texto que preparé para dar la conferencia El viaje del realismo mágico en 14 idiomas, el jueves 11 de mayo de 2017 en Sabaneta, Antioquia.

ÍNDICE

  1. La obra. Anécdotas y alrededores.
  2. El impacto de la obra. El realismo mágico.
  3. La traducción de la obra y análisis.
  4. La colección de 100 años de soledad en 14 idiomas.

 

Introducción

Buenos días a todos, mi nombre es Luis Miguel Mesa Díez, soy sabaneteño, traductor de la Universidad de Antioquia y tengo un canal en YouTube que se llama El Estante Literario. ¿Por qué les cuento esto? Porque la relación de estas cualidades definen la charla que les traigo hoy: lo del Estante Literario, porque me gusta mucho la literatura, al punto de crear un canal en YouTube para hablar de este tema que me apasiona; lo de traductor porque hoy miraremos la obra de 100 años de soledad desde el punto de vista la traducción y el porqué de que haya sido traducido a tantos idiomas.

Hoy no les vengo a hablar precisamente de la obra desde el punto de vista, digamos, literario. No voy a entrar en análisis de los temas que trata ni de su arquitectura en términos narrativos, primero porque, aunque es muy interesante, es un tema muy hondo y no me siento demasiado capaz de abordarlo, además quizás podría ser aburrido para algunos, y segundo porque, aunque me he leído la obra dos veces, la última vez fue hace cuatro años y no recuerdo demasiado bien aspectos puntuales de la obra, solo su conjunto. Así pues, hoy vengo a contarles anécdotas sobre la creación de la obra, historias que convivieron con la creación de esta y las razones que impulsaron a García Márquez a escribirla, algunas curiosidades de esta, el impacto que tuvo cuando fue publicada, la razón por la que es el símbolo del boom latinoamericano y de ese movimiento literario y artístico en general que dieron en llamar realismo mágico y, sobre todo, cómo fue que la novela de un escritor colombiano, nacido en un pueblo polvoriento del Magdalena, olvidado por Dios y la virgen, pero donde hay más bananos que personas, llegara a ser la obra más importante de la literatura, no solo colombiana, sino quizás latinoamericana, considerada la más importante escrita en español, después del Quijote, que ganara un Nobel de literatura y que fuera traducida a alrededor de 40 idiomas.

 

  1. La obra. Anécdotas y alrededores.

Antes de desatar este río de eventos, quiero hacer una salvedad y es que en lo que les cuento puede que haya una dosis considerable de realismo mágico. ¿Cómo así? Cuando estaba haciendo la investigación para esta charla, me di cuenta de que varios aspectos de esta historia estaban marcados por la imprecisión. El mismo García Márquez parece agregar u omitir algunos episodios de la historia, e incluso exagerar o atenuar algunos en diferentes fuentes y momentos de su vida. Así que, para efectos de que ustedes se mantengan al punto, usaré los más fantasioso y exagerados, siempre asegurándoles que son tomados de buenas fuentes.

Ningún libro, ni en general ninguna obra de arte, sale mágicamente un día de las manos de un autor, como traído por una luz mágica que le entrega toda la estructura y el fin de la obra. No. Los libros, las obras literarias, son el final de un largo camino de experiencias y pensamientos de un autor que cobran materialidad cuando se vuelven una historia, una novela, un cuadro. Seguramente ustedes como yo fueron criados con un montón de creencias que parecían inverosímiles pero que, por si las moscas, nunca nos atrevimos a comprobar: que si comíamos las pepas de la naranja nos crecería un árbol en el estómago cuyas ramas brotarían por nuestra boca, que si nos tragábamos el chicle se nos pegarían las tripas, que si después de jugar fútbol abríamos la nevera nos torcíamos o que si veíamos televisión de lado se nos volvían cuadrados los ojos. Todas estas amenazas, aunque tienen en su interior algo de cierto, están revestidas de una fantasía increíble, de imágenes grotescas que nos hacen evitar comportarnos de cierta manera. Así fue también para García Márquez, y quizás un poco más exagerado y fantasioso por el hecho de que vivía en la costa y en su pueblo Aracataca, un pueblo de calles polvorientas y rodeado de plantaciones bananeras donde vivió en una casa grande con sus tías y abuelos.

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Gabriel García Márquez nació en 1927 y desde muy pequeño estuvo rodeado de historias fantásticas que le contaban sus abuelos y tías para sacárselo de encima y que se comportara bien. Sus padres se fueron Barranquilla y lo dejaron al cuidado de sus abuelos maternos en Aracataca. En esta casa enorme se crio escuchando las historias de su abuelo, un general liberal que había participado en la Guerra de los Mil Días y que había presenciado la Masacre de las bananeras. Para mantenerlo entretenido, su abuelo le contaba historias y por la noche, para mantenerlo quieto, su abuela, una mujer supersticiosa y mística, le contaba historias de fantasmas para mantenerlo. Así pues, con todo este tejido de historias crece Gabo y en la adolescencia, después del colegio, se va a estudiar derecho a Bogotá.

En Bogotá, en 1947, el periódico El Espectador le publicó su primer cuento La tercera resignación y pronto se dio cuenta de que el derecho no era lo suyo. Cuando estalló el Bogotazo se fue a Cartagena y a Barranquilla donde trabajó como corresponsal para algunos periódicos, entre ellos El Espectador, periódico que lo mandaría a Europa y que fue clausurado por el dictador Rojas Pinilla mientras Gabo estaba en París. Sin trabajo y en la angustia de la espera por noticias de su país, de sus amigos y de plata, escribió El coronel no tiene quien le escriba, su primera novela corta.

Para entonces Gabriel García Márquez era una figura conocida en el periodismo colombiano y en los círculos literarios del país y ya tenía en su cabeza, e incluso tímidamente empezado en manuscrito, la obra que le daría el mayor reconocimiento. En el manuscrito se contaba la historia de la vuelta de un coronel a su casa en su pueblo natal junto con su esposa. La casa, en estado de abandono que el coronel reconstruye, tenía ya desde entonces  el aura misteriosa y sofocante que tendría después la casa de los Buendía en Macondo. “La casa de los Buendía” era el título que llevaban estos apuntos, y era una obra en la que, según García Márquez, “iba a pasar de todo”. Sin embargo La casa, nombre que tendría la novela, no avanzó mucho en 15 años y aún faltarían años y muchas vivencias para darle forma a la novela que se convertiría en el símbolo del Boom latinoamericano, del realismo mágico y de la literatura colombiana.

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Gabriel García Márquez en París

Después de París, García Márquez volvió a Suramérica y luego de que estallara la Revolución Cubana se fue para la Habana donde trabajó en la agencia de prensa creada por el gobierno llamada Prensa Latina, que posteriormente lo mandaría de corresponsal para Nueva York. Es aquí donde comienza la verdadera historia.

Después de estar en Nueva York, por razones políticas Gabriel García Márquez tuvo que viajar a México, por tierra. El viaje significaría mucho para él porque fue la oportunidad de ir al Sur profundo, al Deep South del que tanto había leído en las novelas de Faulkner. Este escritor estadounidense, la mayor influencia del escritor colombiano, tuvo una obra prolija que Gabriel García Márquez había devorado en su juventud. En las obras de Faulkner hay una descripción del sur de EE.UU. donde además se ubica el pueblo ficticio, como Macondo, que creó Faulkner: Yoknapatawpha.

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Gabriel García Márquez en México

Así pues, una vez en México, García Márquez siguió sobreviviendo con sus trabajos periodísticos y escribiendo para algunas revistas y agencias publicitarias. Un día, de viaje a Acapulco por vacaciones con su familia, decepcionado y con problemas económicos porque sus novelas no tenían una acogida masiva, tuvo una epifanía: debía contar la historia de la casa como se las contaba su abuelo. De pronto el inicio de la novela “Muchos años después frente al pelotón…” le llegaría como un rayo de luz que le haría dar vuelta al auto y encerrarse en su casa a escribir durante 18 meses sin parar.

Fumándose 60 cigarrillos al día, 30.000 en los 18 meses, Gabo renunció a cualquier otro proyecto que lo desconcentrara de escribir su obra. Vendieron todas las cosas que tenían, incluyendo el carro, y Gabo enconmendó a Mercedes encargarse de mantener la casa. No faltó comida durante los 18 meses que Gabo pasó encerrado en su cuarto escribiendo, pero se endeudaron con el panadero, el carnicero, el arrendatario y toda la vecindad. Sus amigos llegaban a la casa a hablar con el escritor trayendo consigo, como quien no quiere la cosa, mercaditos que suplían las carencias en la casa. Entre las cosas que sus amigos le llevaban a casa en ese entonces había también libros, y entre ellos, cuenta García Márquez, llegó un día Pedro Páramo de la mano de Álvaro Mutis, quien le entregó el libro diciéndole: Vea, pa que aprenda a escribir.

Cuenta Gabo que llegaron a deber 9 meses de renta y a vender hasta las joyas de familia de Mercedes, cuyas esmeraldas, después de una minuciosa revisión de experto, terminaron siendo “puro vidrio”. Una vez la novela estuvo terminada, Gabriel García Márquez confió a Esperanza Araiza, una mecanógrafa de poetas y cineastas que había pasado en limpio grandes obras de escritores mexicanos, que mecanografiara la novela. Cuando se lo propuso, la novela era un borrador acribillado a remiendos. Pocos años después Pera confesó que, cuando llevaba a su casa la última versión corregida por Gabo, resbaló al bajarse del autobús en un aguacero diluvial. Las cuartillas quedaron flotando en el cenegal de la calle. Las recogió empapadas y casi ilegibles con la ayuda de otros pasajeros y las secó en su casa hoja por hoja con una plancha de ropa.

En el año de 1966, cuando por fin estuvo terminada la obra, Gabo y Mercedes fueron a la oficina de correos de Ciudad de México para enviar al editor en Argentina el libro: un paquete de casi 600 cuartillas que costaba 82 pesos enviar. Ambos habían llegado con lo poco que les quedaba para enviar el libro, 53 pesos mexicanos, y tuvieron entonces que dividir el paquete. Cuenta Gabo que, como un carnicero que rebana un trozo de carne, partieron el libro hasta que pesara lo que valía 53 pesos enviar. No fue sino después de que volvieron a casa que se dieron cuenta de que habían enviado la segunda parte, pero antes de que consiguieran el dinero para enviarla, Paco Porrúa, el editor de la editorial Suramericana, ansioso de leer la primera parte, anticipó el dinero para que pudieran enviarla.

Franciso Porrúa había conocido la obra de Gabriel García Márquez por medio de Luis Hars, un nicaragüense que estaba escribiendo una obra sobre El boom latinoamericano. Hars tenía las primeras obras de García Márquez que Porrúa no conocía, pero cuando las leyó supo inmediatamente que tenía que editarlas en Argentina, donde no era aún conocido. Inmediatamente le propuso a Hars una reedición de estas obras en Argentina, pero le contestaron que no era posible porque otra editorial tenía los derechos, pero que el escritor estaba escribiendo una novela que podría interesarle. Le envió las primeras páginas y comprobó que lo que había pensado era cierto: la novela era una obra excepcional y había que editarla en Argentina.

Gabriel Garcia Marquez with Book on Head

Gabriel García Márquez con la primera edición de Cien años de soledad

 

2. El impacto de la obra. El realismo mágico.

La novela fue un éxito, dado en parte por una campaña publicitaria que duró casi un año que incluía la publicación de algunos capítulos en periódicos de Colombia y de México. La primera edición publicada en Buenos Aires por la Editorial Suramericana en 1967, constaba de 8.000 ejemplares que se agotaron en dos semanas. En medio año se imprimieron cuatro ediciones más. Todos llevaban bajo el brazo el libro: estudiantes, oficinistas, obreros, hombres, mujeres. Incluso, el novelista Francisco Goldman recuerda haberla visto al lado de una cama en un prostíbulo. Lo demás es historia.

Cien años de soledad pronto se convirtió en el ícono de un movimiento literario latinoamericano llamado el Boom latinoamericano que había comenzado con la novela Rayuela de Cortázar, y con La ciudad y los perros de Vargas Llosa. La novela latinoamericana pasaba por un momento de esplendor, de una madurez y un trasegar por un camino que ya habían empezado a trazar Borges, Rulfo y Onetti, y que ahora reafirmaba que la novela latinoamericana no dependía ya más de los movimientos artísticos ni de las opiniones de Europa. La novela latinoamericana ya tenía un espíritu propio y unos temas que reflejaban la realidad del continente en un momento importante en la historia social y política de este.

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Una ilustración de la edición conmemorativa 50 años de Cien años de soledad

La novela cuenta la historia de siete generaciones de la familia de los Buendía en Macondo, un pueblo creado por García Márquez. En este pueblo, durante 100 años, ocurren todo tipo de eventos que involucran a los miembros de la familia y a algunos habitantes del pueblo. Acontecimientos y personajes reales desfilan por la novela para hacer parte de una obra que, además de entretenida, es de una profundidad que alcanza a tocar aspectos tan trascendentales de la existencia humana como la muerte, la soledad y el amor.

La obra, y en general el autor, es conocida por enmarcarse bajo una tendencia artística que dio en llamarse el Realismo mágico, que no es ni exclusivamente latinoamericana, ni exclusivamente literario.

El realismo mágico es una de las respuestas al dilema del hombre del siglo XX, que vive angustiosamente en un mundo tecnológico. Es un intento de redescubrir el elemento mágico que existe en la realidad. Es un reflejo artístico de las ideas filosófico-psicológicas de Carl Jung, que afirmaba desde comienzos del siglo la necesidad del hombre de completarse juntando lo irracional con lo racional. Mientras más mecanizada y deshumanizada se ha vuelto la sociedad occidental, tanto más vigentes se han hecho los postulados de Jung.

Esta tendencia artística puede confundirse con el surrealismo (cuyos máximos exponentes fueron Breton y Magritte), aunque tienen una diferencia clara: el realismo mágico trata de lo improbable; el surrealismo, de lo imposible. Un pintor surrealista como Magritte emplea la misma técnica precisionista de los mágicorrealistas, pero incluye en sus cuadros yuxtaposiciones imposibles (la locomotora que sale de un corredor, por ejemplo). En cambio, la presencia de una culebra en la escalera de una casa de apartamentos en un cuadro del francés Pierre Roy, es totalmente inesperada, improbable, pero no imposible. El mágicorrealista descubre el elemento mágico en la vida sin deformarla. El surrealista se entrega mucho más a las deformaciones oníricas.

Sin embargo, la obra de Gabo combina también el realismo mágico con la fantasía, dado que a lo largo de la obra hay episodios que salen de las posibilidades humanas. Entre los episodios más representativos del realismo mágico en la obra están:

  • El diluvio que duró más de cuatro años: “Llovió cuatro años, once meses y dos dí”
  • La lluvia de flores: “Poco después cuando el carpintero tomaba las medidas para el ataúd, vieron a través de la ventana que estaba cayendo una llovizna de minúsculas flores amarillas”.
  • Enfermedades imaginarias, como la peste del insomnio con la cual los que se enferman dejan de dormir y olvidan el nombre de las cosas, personas y de su propia identidad.
  • La cruz de ceniza: “El miércoles de ceniza, antes de que volvieran a dispararse en el litoral, Amaranta consiguió que se pusieran ropas dominicales y la acompañara a la iglesia. (à) el padre Antonio Isabel les puso en la frente la cruz de ceniza. De regreso a casa, cuando el menor quiso limpiarse la frente, descubrió que la mancha era indeleble, y que lo eran también la de sus hermanos. Probaron con agua y jabón, con tierra y estropajo, y por último con piedra pómez y lejía, y no consiguieron borrarse la cruz. En cambio, Amaranta y los demás que fueron a misa se la quitaron sin dificultad”.
  • El diálogo entre los vivos y los muertos: “Una noche en que no podía dormir, Úrsula salió a tomar agua al patio y vio a Prudencio Aguilar junto a la tinaja. Estaba lívido, con una expresión muy triste, tratando de cegar con un tampón de esparto el hueco de su garganta. (…) -Vete al carajo- le grito José Arcadio Buendía. Cuantas veces regreses volveré a matarte (…) Una noche en que lo encontró lavándose las heridas en su propio cuarto, José Arcadio Buendía no pudo resistir más. -Está bien, Prudencio- le dijo. Nos iremos de este pueblo, lo más lejos que podamos, y no regresaremos jamás. Ahora vete tranquilo”.

Este realismo mágico se convirtió además en un estandarte de la cultura colombiana, bañada de supersticiones e historias sobre todo en las zonas del Caribe. Sin embargo, hay que saber que esta visión de la realidad no es única en Gabriel García Márquez ni se dio propiamente después de él, sino que ha sido parte de la cultura popular, si no colombiana, al menos sí de la costa y el Caribe, desde mucho antes. Un ejemplo de esto es  el vallenato. La muerte de Abel Antonio es una canción que cuenta la historia de Abel Antonio a quien en 1943 dieron por fallecido y le rezaron cinco de las nueve noches de responsos. Pero se trataba de un error. El Negro, como le decían, no había muerto, sino que estaba emparrandado. Así que fue preciso quitarle el acordeón al fiambre, convertir en celebración el velorio y dejar metido al cura.

 

 

Vale la pena señalar acá que la prosa y la obra de Gabo se vio fuertemente influida por el vallenato. Él era un amante de este ritmo y fue amigo entrañable de grandes exponentes y juglares como Rafael Escalona, Los Hermanos Zuleta (que lo acompañaron en la ceremonia del Nobel), Leandro Díaz (uno de cuyos versos es el epígrafe de la novela El amor en los tiempo del cólera) etc. Incluso en la obra de Cien años de soledad hay una alusión al mítico juglar Francisco el hombre, que iba de pueblo en pueblo con acordeón tocando las noticias de los pueblos costeños. Una vez incluso Gabriel García Márquez llegó a decir que su obra Cien años de soledad no era más que un vallenato de 400 páginas.

 

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García Márquez con Escalona, Los Hermanos Zuleta y Pablo López.

 

3. La traducción de la obra y análisis.

Mientras que en 1965 Gabriel García Márquez en Mexico trabajaba en una agencia de publicidad y escribiendo en revistas para poder mantener a su familia, en Barcelona la representante editorial Carmen Balcells estaba leyendo una de las primeras obras de García Márquez y supo que tenía que representarlo. Ella entonces ya era la representante de grandes escritores latinoamericanos como Cortázar y Vargas Llosa, así que se contactó con Gabo para reunirse con él en Ciudad de México en julio de 1965. Allí se conocieron y firmaron lo que sería un contrato improvisado para ser su representante y que tenía una cláusula tan realistamente mágica como sus obras: Carmen sería la representante de Gabo por los próximos 150 años.

Poco tiempo después, Balcells acordó con la editorial norteamericana Harper & Row para editar en inglés las obras del escritor colombiano. Hicieron un contrato, que Gabo calificó de “contrato de mierda”, por los derechos de sus cuatro obras. El pago: 100 USD. El contrato también le daba derechos a la editorial sobre el próximo trabajo del escritor: Cien años de soledad.

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Gabriel García Márquez, Carmen Barcells y Mario Vargas Llosa, junto con otros que no reconozco 🙁

En 1969, con dos años de publicada la obra en español, se dio la traducción al inglés a manos de Gregory Rabassa. Cuando supo de este proyecto, García Márquez consultó a su amigo Julio Cortázar sobre a quién era el más indicado para la tarea. Sin titubear, Cortázar le sugirió a Gregory Rabassa, quien había traducido hacía tres años su novela Rayuela y con la que había ganado el Premio Nacional del traducción de libros. Rabassa era el indicado. Fue tan buena su traducción que el mismo García Márquez dijo que la versión en inglés le gustaba incluso más que la que él había escrito en español y lo llamó “el mejor escritor latinoamericano en inglés”.

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Gregory Rabassa, traductor de Cien años de soledad.

 

El impacto no se hizo esperar. Después de la traducción en inglés vinieron las del resto de idiomas que hoy en día se cuentan en más de 40. Indudablemente el hecho de que la obra haya sido traducida al inglés, y gracias a que Gregory Rabassa hizo tan buen trabajo, Gabriel García Márquez rompió fronteras y llegó a conocerse en todo el mundo, lo que motivaría a la Academia Sueca a otorgarle en 1982 el Premio Nobel de Literatura.

García Márquez recibiendo el Premio Nobel de literatura.

La traducción

Debido al éxito del libro y a los elogios a la traducción, Gregory Rabassa fue entrevistado múltiples veces y le fue preguntado otras tantas sobre su experiencia traduciendo la obra. Gracias a esto y a su exitosa carrera, el traductor escribió un libro sobre sus experiencias como traductor de las que me serviré hoy para traerles algunos fragmentos del libro que supusieron problemas de traducción para el traductor.

Antes de presentar estos fragmentos, es importante aclarar varios conceptos útiles a la hora de entender la traducción. Primero que todo la traducción es sobre todo una búsqueda de equivalencia, mas no una equivalencia matemática precisa, imposible en la mayoría de los casos por el hecho de que esta trata con el lenguaje, un producto social intrínsecamente ligado al proceso de pensamiento, visto desde el punto de vista del individuo y del punto de vista de un grupo social.

Los idiomas, además, tienen diferentes maneras de expresar los pensamientos de sus hablantes y pueden diferir entre uno y otro en sus estructuras y estrategias. Por ejemplo, en español decimos “tengo frío”, como lo haríamos en francés “J’ai froid” y en italiano “Io ho freddo”, pero en inglés no diríamos “I have cold” sino “I am cold” (yo soy/estoy frío, literalmente) y en almemán “Mir ist kalt” que es una estructura dativa, algo así como “a mí es frío”. Así pues, para expresar una idea, los idiomas usan diferentes formas para hacerlo. Algunos incluso son visuales o sonoros. En español, por ejemplo, decimos “tirar la puerta”/”dar un portazo” pero en francés el énfasis está en el sonido que causa la puerta al ser tirada, así que dicen “claquer la porte” (literalmente, chasquear la puerta).

Un aspecto cultura fuerte también interviene en la traducción. Por eso la traducción se puede definir como una actividad lingüística, comunicativa e intercultural. El propósito del texto original debe mantenerse en el texto traducido, para lo que puede haber variaciones semánticas o lingüísticas. A través del proceso de traducción pues, el traductor se ve enfrentado a diferentes decisiones donde debería prevalecer la intención comunicativa y semántica sobre otras consideraciones.

Un ejemplo para entender esto podríamos tenerlo si, digamos, existiera una lengua cuyo sistema numérico careciera del grafema del número 2 y que digamos que se buscara traducir a esa lengua un texto escrito en otra en la que que, además de existir el grafema del número 2, también este tuviera, por su figura, la connotación de un cisne.

Entonces no podría haber esta equivalencia 2 = 2 (porque no exite el grafema 2 en una de las lenguas)

Pero sí esta 1 + 1 = 2 , aunque se perdería la evocación al cisne porque los dos grafemas correspondientes al número 1, no forman un cisne.

O esta, que también carecería de esa evocación 8 / 4 = 2

Así pues, el traductor tiene que usar otros métodos para expresar el 2, que es lo importante de expresar, aunque haya una pérdida de significado.

 

Problemas al traducir Cien años de soledad

La obra supuso para Rabassa problemas desde el mismísimo título.

“Cien años”

El primer problema surgió en si traducir cien como a hundred o one hundred, una distinción que no se da claramente en español pero sí en inglés. A hundred daba un sentido más general, más genérico que no concordaba con el one hundred que daba un sentido más exacto, como una profecía que es lo que la novela en general supone, confirmado sobre todo en la última frase de la novela.

“Soledad”

Podría traducirse de una manera directa por loneliness en inglés, pero esta palabra tenía un sentido negativo asociado a estar solo, en cambio solitude, que además dejaba una referencia directa a la versión en español, era más inclusiva y, además de incluir el germen de loneliness, también daba un la referencia a un estado del alma.

“Recordar”

El traductor escogió aquí recall (rememorar) porque daba la sensación de un recuerdo más profundo.

“Remota”

Rabassa escogió remember porque remote podría evocar cosas diferentes, como control remoto, y a él le gustaba más distante cuando se refería a tiempo.

“Conocer”

Gregory Rabassa usó discover porque know no daba la sensación de fascinación de conocer algo por primera vez, de descubrirlo, como pasaba en la escena.

Un pasaje

Original Traducción
-Pobre la tatarabuelita -dijo Amaranta Úrsula-, se nos murió de vieja.
Úrsula se sobresaltó.
-¡Estoy viva! -dijo.
Ya ves -dijo Amaranta Úrsula, reprimiendo la risa-, ni siquiera respira.
“Poor great-great-grandmother” Amaranta Úrsula said. “She died of old age.”
Úrsula was startled.
“I’m alive!” she said.
“You can see” Amaranta Úrsula said, suppressing her laughter, “that she’s not even breathing.”

 En este fragmento se presentan tres pérdidas en la traducción.

Pérdida de diminutivo y vínculo emocional: la amoción de la terminación -lita que indica diminutivo conlleva a una pérdida de la connotación de cariño que da el diminutivo. El mismo caso se da en la pérdida del “nos” en español que indica un vínculo de cariño fuerte entre la abuela y Amaranta y su interlocutora.

Cambio estructural: lo que en español es una frase única, en inglés se convierte en subordinada. Además se agrega el verbo can (poder) en la traducción que no se usa en el texto fuente.

 Extranjerización

Para dar la sensación al lector de que la obra viene de otro idioma o cultura, Rabassa prefirió dejar los nombres originales sin adaptarlos y usar en lo posible latinismos que en inglés tienen un registro más alto y daban una referencia más directa a palabras del español.

Notion = noción en lugar de idea.

Navigate = navegar en lugar de sail.

Splendid = espléndido en lugar de wonderful.

Giving credit to = dar crédito a en vez de believing.

 

4. La colección en 14 idiomas

No lo recuerdo muy bien, pero a finales de 2013 me surgió la idea de hacer una colección que conjugara dos de mis más grandes pasiones: la literatura y los idiomas. Así que decidí buscar por todo el mundo, en la mayor cantidad de idiomas posibles, la obra más representativa de la literatura colombiana. Los primeros que tuve fueron en danés y en italiano que me los trajo mi amigo Santiago Hernández que fue de intercambio a Dinamarca. Luego vinieron en checho y francés de manos de otro amigo, David Castaño Luján, y de ahí una querida amiga, Luna Caicedo, le encantó la colección y en su infinidad de viajes me ha regalado cerca de cinco de los libros. Ha sido también fascinante para mí y para ellos buscar los libros en todo el mundo. Yo por ejemplo compré el de inglés en la librería Shakespeare&Co en París, el de Serbio Croata en Slavoski Brod, en Croacia,un pequeño pueblo que linda con Serbia, y el de Húngaro en Budapest, una hermosa ciudad en donde tenían casi todos los libros de Gabo excepto 100 años de soledad, al parecer. Para conseguir este libro tuve que recorrer más de 5 librerías en una calle que afortunadamente era la misma de la de mi hotel. Tenía poco tiempo para buscar el libro porque el taxi que me llevaría al aeropuerto salía en 30 minutos, y 10 minutos antes de que llegara, encontré en una librería el libro que buscaba.

La colección. En orden de arriba abajo y de derecha a izquierda: francés, español, checo, hebreo, portugués, italiano, inglés, coreano (en realidad no es la obra, sino un estudio sobre esta), rurco, serbio-croata, alemán, danés y polaco.

 

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5 thoughts on “100 años de soledad – La historia de su creación y traducción.
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