Análisis literario de la enfermedad, el poder y la marginalidad en la novela Las malas de Camila Sosa Villada, ganadora del premio Sor Juana Inés (2020)

Ficha técnica:

Título: Las malas.
Autora: Camila Sosa Villada:
Género: Novela (autoficción).
Páginas: 220.
Temas:
Calificación GR: 5/5

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Por: Luis Miguel Mesa Díez**

“La policía va a hacer rugir sus sirenas, va a usar sus armas contra las travestis, van a gritar los noticieros, van a prenderse fuego las redacciones, va a clamar la sociedad, siempre dispuesta al linchamiento.”

Las malas, p. 24.

Las malas (2019) es la tercera novela de la escritora argentina Camila Sosa Villada, pero la primera en darle renombre internacional después de que ganara, en 2020, el premio Sor Juana Inés de la Cruz.

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En este relato de doscientas veinte páginas, atravesado por temáticas dominantes de la literatura transgénero como la identidad, la discriminación y la enfermedad, Camila cuenta su historia y la de sus amigas, las travestis del Parque Sarmiento en Córdoba, Argentina. Este marco encuadra una representación de la diferencia y la normalidad, de la enfermedad y la marginalidad, de las desviaciones sexuales normativas y de una constante exclusión y censura por parte del poder regulador del estado y la sociedad.

Resumen Las malas

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Contada desde una memoria fragmentada que visita el pasado e indaga en sus más oscuros rincones, Las malas es un relato de supervivencia, de memoria y de emancipación que comienza una noche toda llena de perfumes dulces, de murmullos de amor pagado, de música de autos que bajan la velocidad para acompasarse al paso de unas piernas fuertes sobre tacones vacilantes.

Las travestis están en el parque esa noche profunda y helada. De pronto, La Tía Encarna, la madre de todas las travestis, oye un ruido apagado, un llanto que solo ella parece distinguir entre los ruidos de la noche. Se aleja del grupo y saca de los arbustos del parque, abandonado y envuelto en una campera de adulto, a un bebé. Este bebé, que se llevan a casa y bautizan como El Brillo de los Ojos, termina convirtiéndose para todas las travestis del Parque Sarmiento, pero sobre todo para La Tía Encarna, en la fisura, en la herida, en la llaga en la que el estado y la sociedad meterán el dedo inquisidor y condenatorio.

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Camila, que es personaje y narradora de Las malas, hace un recuento de diferentes historias que revelan las pequeñas alegrías y los grandes sufrimientos, las micro violencias y los macro abusos que este grupo de travestis vive cada día, y sobre todo cada noche. 

Poder y enfermedad en Las malas

La historia de las identidades sexuales no heteronormativas ha estado marcada por el tabú y la exclusión. Como señala Cutuli (2013) estas identidades “han sido construidas desde disciplinas psi y biomédicas, problematizadas por las academias” que se han interesaron por definirlas, delimitarlas y diagnosticarlas. Efectivamente, hacia mediados del siglo xx, la homosexualidad y la transexualidad figuraban aún en el espectro de las enfermedades categorizadas como “desviaciones sexuales”. Solo hacia finales de siglo dejaron de considerarse propiamente enfermedades, y se catalogó como uno de los “trastornos sexuales no especificados” al persistente e intenso malestar sobre la orientación sexual propia. Esos malestares, generados por la conciencia de tener una “desviación”, una “anormalidad”, y sobre todo debido a las presiones y señalamientos por parte de la sociedad y de las instituciones, conducen al ocultamiento y la marginalización. Se crean así imaginarios y espacios segregados para quienes presentan los síntomas.

En Las malas, Camila Sosa dibuja una cartografía de los espacios periféricos o de exclusión de este grupo marginalizado: de día, en la Facultad, se es Cristian; de noche, en el parque que funcionaba “como una red de protección”, se es Camila. Las travestis trabajan el Parque Sarmiento, pero son desalojadas de allí por la autoridad, como lo son de las tiendas, de las farmacias y del barrio, por dueños y vecinos; habitan la casa de La Tía Encarna “porque saben que no se podría estar más a salvo en ningún otro lugar” (p. 22), aunque, al final, ni ese refugio escapa de la infamia. El estigma y la exclusión en la comunidad travesti, a menudo vinculada con la delincuencia y la promiscuidad que incuba enfermedades de transmisión sexual como el sida, están patentes en la novela y son representados por fuerzas reguladoras de la vida colectiva, como instituciones o grupos que ejercen el poder y el orden: el Estado; en la figura del policía; la familia, en el padre; la sociedad, en los vecinos. 

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Las instituciones del Estado, como la policía, ejercen un poder regulador ante la delincuencia y reestablecen el orden, pero en varios episodios son ellos mismos quienes encarnan el delito y practican lo desviado. Del mismo modo, figuras públicas como cantantes o políticos que censuran por el día en las pantallas de la tele la conducta travesti, buscan por la noche en los andenes de las zonas rojas el alivio del deseo. Como dice Baladier (1971):

Las sociedades nunca son lo que parecen ser o lo que pretenden ser. Se expresan en dos niveles, por lo menos: uno, superficial, presenta las estructuras oficiales, por así decir; y otro, profundo, asegura el acceso a las relaciones reales más fundamentales y a las prácticas reveladoras de la dinámica del sistema social. (p.7) 

La figura del padre como representación del poder es también principal en el relato de Camila. El padre se presenta como una figura de autoridad que ejerce sobre el niño afeminado su dominio, obligándolo a trabajar, insultándolo por sus maneras delicadas y infundándole miedo: “El miedo lo teñía todo en mi casa. No dependía del clima o de una circunstancia en particular: el miedo era el padre” (p. 60).

La sociedad, por su parte, ejerce su presión desde todos los frentes. El punto más álgido de la historia, el clímax final, termina desarrollándose precisamente por el estigma inclemente que cae sobre la Tía Encarna cuando los vecinos de la pensión descubren que un niño, El Brillo de los Ojos, vive en ese nido de travestis. Llueven consignas, gritos, grafitis en las paredes, llamadas amenazantes en la madrugada. Cuando el niño entra a la escuela y la identidad de su padre (porque Tía Encarna va de hombre a la escuela) es descubierta, los compañeros lo golpean y sus padres se escandalizan. El final es solo uno de los posibles desenlaces trágicos en los que desemboca la violencia y la discriminación.

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Edmund White (citado en Rutter-Jensen, 2008) señala que los temas de la novela gay han dejado de ser “el tránsito desde el deseo homosexual hasta la identidad gay” para centrarse en los temas como “la supervivencia, la amistad, el recuerdo” (p. 480). Las malas de Camila Sosa Villada se presenta como tal: una novela donde la redención, la memoria y lo ético en la búsqueda de justicia, comprensión y afecto son las armas de sublevación ante el poder normativo y excluyente.

*Trabajo final presentado para el curso Literatura latinoamericana del siglo XX de la Maestría en Literatura de la Universidad de Antioquia, dictado por la profesora Claudia Acevedo.
** Traductor y estudiante de Maestría en Literatura de la Universidad de Antioquia (ver más).

Referencias

  • Balandier, G. (1971). Las dinámicas sociales. Paris: Puf.
  • Cutuli, M. S. (2013). Maricas y travestis repensando experiencias compartidas. Sociedad y Economía, 183-204.
  • Sosa Villada, C. (2019) Las malas, Tusquets, Colombia.
  • Rutter-Jensen, C. (Abril-Junio de 2008). Silencio y violencia social. Discursos de VIH sida en la novela gay colombiana. Revista Iberoamericana, 74(223), 471-482.Villada, C. S. (2019). Las malas. Buenos Aires: Tusquets.

Cita este artículo así (APA):

Mesa Díez, L. M. (6 de mayo de 2021) Enfermedad, marginalidad y poder en Las malas de Camila Sosa Villada. Recuperado de El Estante Literario: https://elestanteliterario.com/blog/las-malas-camila-sosa-enfermedad-poder-marginalidad/