Según Gabriel García Márquez, "La noche de los alcaravanes" es su cuento más enigmático. Entérate de por qué dijo esto el Premio Nobel colombiano.

Ficha técnica:

Título: La noche de los alcaravanes.
Género: cuento.
Autor:
Gabriel García Márquez.
Año de publicación:
29 de julio de 1950 (Crónica); Ojos de perro azul (1974)
Páginas: 
6

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Según Gabriel García Márquez, La noche de los alcaravanes es “mi cuento más enigmático”.

Pero… ¿por qué lo dice? Veamos de qué trata este cuento escrito en 1950 y publicado después en el libro de cuentos Ojos de perro azul.

Resumen La noche de los alcaravanes

La noche de los alcaravanes cuenta la historia de tres hombres a quienes los alcaravanes (ave migratoria) les sacaron los ojos. Desconcertados, desorientados y sin poder ver, los tres hombres intentan salir de la casa (de citas) en la que se encuentran. En su búsqueda oscura se topan con una mujer y un joven que los reconocen por ser los hombres a quienes, según el periódico, unos alcaravanes les habían sacado los ojos un par de noches atrás.

Pero ellos, a pesar de ver a los tres hombres parados allí en frente suyo, no creen ni una palabra de lo que dicen los diarios, y por eso dejan a los tres ciegos abandonados en la acera a merced del sol ardiente de la mañana.

Análisis literario La noche de los alcaravanes

Este cuento fue publicado por primera vez en la revista Crónica el 29 de julio de 1950. Esta narración sensorial y claustrofóbica está narrada en la primera persona del plural, es decir, “nosotros”, que en el cuento hace referencia a los tres hombres a quienes los alcaravanes les sacaron los ojos.

Tal como lo cuenta el propio Gabriel García Márquez en su autobiografía Vivir para contarla, la idea del cuento le llegó la noche del jueves 27 de julio de 1950 mientras estaba en un sancocho en una casa de citas en Cartagena.

“La del 27 de julio de 1950, en la casa de fiestas de la Negra Eufemia, tuvo un cierto valor histórico en mi vida de escritor. No sé por qué buena causa la dueña había ordenado un sancocho épico de cuatro carnes, y los alcaravanes alborotados por los olores montaraces extremaron los chillidos alrededor del fogón. Un cliente frenético agarró un alcaraván por el cuello y lo echó vivo en la olla hirviendo. El animal alcanzó apenas a lanzar un aullido de dolor con un aletazo final y se hundió en los profundos infiernos. El asesino bárbaro trató de agarrar otro, pero la Negra Eufemia estaba ya levantada del trono con todo su poder.
—¡Quietos, carajo —gritó—, que los alcaravanes les van a sacar los ojos!
Sólo a mí me importó, porque fui el único que no tuvo alma para probar el sancocho sacrílego. En vez de irme a dormir me precipité a la oficina de
Crónica y escribí de un solo trazo el cuento de tres clientes de un burdel a quienes los alcaravanes les sacaron los ojos y nadie lo creyó. Tenía sólo cuatro cuartillas de tamaño oficio a doble espacio, y estaba contado en primera persona del plural por una voz sin nombre. Es de un realismo transparente y sin embargo el más enigmático de mis cuentos, que además me enfiló por un rumbo que estaba a punto de abandonar por no poder. Había empezado a escribir a las cuatro de la madrugada del viernes y terminé a las ocho de la mañana atormentado por un deslumbramiento de adivino. Con la complicidad infalible de Porfirio Mendoza, el armador histórico de El Heraldo, reformé el diagrama previsto para la edición de Crónica que circulaba el día siguiente. En el último minuto, desesperado por la guillotina del cierre, le dicté a Porfirio el título definitivo que acababa por fin de encontrar, y él lo escribió en directo en el plomo fundido: «La noche de los alcaravanes».” (García Márquez, 2002)”

El hecho de que los narradores de este cuento estén ciegos, hace que sea un relato muy sensorial donde el oído, el olfato y el tacto guían tanto a los personajes como al lector mismo en el descubrimiento de los espacios que se recorren en el cuento.

Así, escuchamos “el crujido de un mecedor”, sentimos “el olor a mujeres tristes”, “a ropa guardada”, o “la dura superficie” del mostrador. Y la sensación de encierro y estrechez está siempre presente.

“Allí estaba otra vez la pared. Con sólo dar vueltas encontrábamos la pared. En torno a nosotros, cercándonos, estaba siempre una pared.”

La noche de los alcaravanes, Gabriel García Márquez.

Opinión

Como también señala Gabo en su autobiografía, La noche de los alcaravanes marcó “el principio de una época”, fue el “principio de una primavera” que le ayudaría a definir más su estilo cuentístico, alejado del “limbo metafísico” en el que se enmarcan sus cuentos anteriores, también recogidos en Ojos de perro azul.

Y es que este cuento de un “realismo transparente” es, incluso más que aquel extraño “Amargura para tres sonámbulos”, realmente enigmático,”: los espacios son borrosos, los personajes totalmente indefinidos, y la historia es un poco simplona y no tiene explicación, ni siquiera con relación a las supersticiones del pueblo, comunes en Gabo, como podría suponerse por el refrán “cría cuervos y te sacarán los ojos”. Además, los narradores “nosotros”, son impersonales, y el ritmo del cuento, muy fragmentado y repetitivo.

Veredicto Batalla de cuentos Gabo

Ya decía yo en el video reseña del cuento María dos Prazeres, que ese cuento la tendría fácil contra este, su competidor, en la Batalla de cuentos Gabo. Y definitivamente fue así: una llave fácil para un cuento, escrito más de treinta años después, que ya presenta un estilo más definido y característico del Premio Nobel colombiano.

En conclusión, para mí, María dos Prazeres es mejor cuento que La noche de los alcaravanes, y por eso pasa a la siguiente ronda de la #BatallaCuentosGabo.

Referencias