"Tubal Caín forja una estrella" (1948) es el tercer cuento publicado de Gabriel García Márquez. Una narración abstracta y paranoica de difícil interpretación, cuyo tema son la muerte y la alucinación.

Ficha técnica:

Título: Tubal-Caín forja una estrella.
Autor:
Gabriel García Márquez.
Género: cuento.
Año de publicación:
17 de enero de 1948 (El Espectador); Ojos de perro azul.
Páginas:
11.
Temas: muerte, alusinación, suicidio.

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“Tubal Caín forja una estrella” es el tercer cuento publicado de Gabriel García Márquez. Y se nota: es una narración de difícil interpretación por lo abstracta, enfermiza y delirante, no precisamente en el buen sentido de la palabra.

Yo tuve que leer este cuento cuatro fatigantes veces para reseñarlo en la Batalla de Cuentos Gabo y no fue mucha mi sorpresa cuando, después de investigar, encontré que el mismo García Márquez e incluso Mario Vargas Llosa opinan que son pocas las virtudes de esta narración.

Pero antes de contarte mi opinión en esta reseña, veamos de qué se trata el cuento “Tubal Caín forja una estrella”.

Resumen Tubal-caín forja una estrella

Es difícil resumir una narración que no posee una linealidad clara, que tiene solo un personaje y donde no hay un espacio claro donde se desarrollan los acontecimientos.

“Tubal Caín forja una estrella” empieza mostrándonos a un hombre que está siendo seguido por un “otro”, o al menos eso parece creer. A partir de esa alteridad esquizofrénica se desarrolla una narración paranoica que nos permite saber que no es la primera vez que este hombre siente esa presencia amenazadora.

Una madrugada, camino a casa desde la taberna, el personaje (cuyo nombre es acaso Tubal Caín) recuerda en un aluvión de imágenes inconexas varios episodios de su vida: recuerda a “la mujer de las escaleras”, a su padre en una recuerdo alucinógeno, sus noches de droga y alcohol, y algunos intentos de suicidio, como el que cierra el cuento.

tubal cain forja una estrella el espectador 1948

Análisis literario

“Tubail Caín forja un estrella” fue publicado por primera vez el 17 de enero de 1948 en la página 8 de la sección “Fin de semana”, número 97, del diario “El Espectador” de Bogotá. 

Fue el tercer cuento que publicó allí García Márquez y para entonces el público lo reconocía ya como aquel escritor sobre quien había dicho Eduardo Zalamea, importante crítico literario y mentor de Gabo, que era “un genio nuevo, original, de vigorosa personalidad”. El texto, como los anteriores, salió publicado con una ilustración de Enrique Grau, uno de los principales pintores colombianos.

Es curioso que este texto no apareciera, como sus contemporáneos, en las antologías de los primeros cuentos de Gabo que circularon de forma ilegal cuando el escritor se volvió famoso. La razón parece ser que las copias que había en bibliotecas públicas de Bogotá fueron robadas y solo sobrevivió la que había en las oficinas del diario. Así que “Tubal Caín forja una estrella” nunca apareció compilado en ningún volumen hasta 1997, cuando se conmemoró el 50º aniversario del cuento “La tercera resignación“. A partir de entonces, este y otros dos relatos más (“De cómo Natanael hace una visita” y “Un hombre viene bajo la lluvia“) fueron añadidos al libro Ojos de perro azul.

Pero dejemos ya la historia sobre el cuento y pasemos a la historia que se narra en el cuento que, como casi todos los de este periodo de iniciación (como “La tercera resignación” y “Eva está dentro de su gato”), tiene a la muerte como tema y obsesión. Sobre estos tres cuentos dice García Márquez en Vivir para contarla, su autobiografía, que son “inconsecuentes y abstractos, y algunos disparatados, y ninguno se sustentaba en sentimientos reales”, pero que tuvieron para él una importancia única “y es que en cada uno de ellos hay algo que responde a la rápida evolución de mi vida en aquella época.”

Y tiene razón Gabo al referirse a estos cuentos como “inconsecuentes, abstractos y disparatados”, pues, en el caso de “Tubal Caín forja una estrella”, encontramos una narración que divaga en exceso y que no da pie al lector para encontrar asidero entre las alucinaciones inconexas de un loco drogadicto (“bello y solo bajo el amargo cielo de la cocaína” (p. 45), “somos los marihuanos, somos los invertidos”(p. 49); “¿Qué dice? ¿Que estoy loco? ¡Bah! Una… ¿Pero estaré loco? (p. 51)).

Mario Vargas Llosa, el escritor peruano también Nobel de literatura, diría en Historia de un deicidio, su estudio sobre García Márquez, que estos primeros cuentos son relatos “de interés literario mínimo”. Sobre “Tubal Caín” agrega:

La ínfima anécdota se desvanece en la masa de ideas y sensaciones enfermizas que constituyen la materia narrativa: recurren el delirio de persecución, la sensación esquizofrénica del doble, alusiones al suicidio. Otra vez asoma el motivo kafkiano de los ratones que está en los dos primeros relatos. El título es gratuito: no es seguro que el único personaje se llame Tubal-Caín, ni siquiera que haya personaje.

Interesante lo que señala el autor de La tía Julia y el escribidor sobre el título, pues es cierto que no tenemos la certeza de que el nombre del personaje sea Tubal Caín, ni tampoco vemos que “forje una estrella”, aunque esto sí da pistas de la razón de su nombre.

Tubalcaín en su forja

Como dice García Márquez en su autobiografía, Tubalcaín toma su nombre del “herrero bíblico que inventó la música” (2002).Tubal-Caín era descendiente de Caín, a quien Dios castiga por haber asesinado a su hermano Abel. Según Morin:

“Tubal-Caín pensando encontrar una posible salida a su castigo en la muerte, volvería a condenarse al eterno sentimiento de culpabilidad que persiste en el tránsito hacia el más allá. La prueba de que el castigo de Dios sigue vigente en la muerte está en el título. El hecho de que Tubal-Caín forje una estrella, significa que suicidándose no ha escapado del castigo sino que ha creado un astro, símbolo de la mirada de Dios sobre el culpable.” (2008, p. 10)

Interpretación interesante pero que en el cuento queda insatisfecha.

Pero esta no es la única referencia a la biblia en el cuento. Cuando el protagonista dice: “Es preferible verme convertido en estatua de sal aquí mismo y no mirar hacia atrás como la mujer bíblica” (p. 43) se refiere a la mujer de Lot, quien, huyendo de Sodoma, miró hacia atrás y fue convertida en estatua de sal por haber desobedecido el mandato de Yahveh.

El miedo a “mirar hacia atrás” que tiene el personaje del cuento se debe la alteridad con ese “otro” que lo persigue y amenaza. Ese “otro” parece ser la muerte, ya que en la escena final el personaje se “giró sobre los talones y se encontró de caras con “el otro’” y entonces se decidió a lanzarse al vacío, con la soga al cuello.

Pero no sabemos si esa fue su muerte o si es solo un recuerdo y él ya está muerto, pues antes se había referido a un intento de suicidio parecido (y a otro con pistola). El personaje dice en un punto: “Quiero que me dejen solo con mi muerte, con esa muerte que yo conocí hace doce años cuando regresaba a casa tambaleando”, y también: “Ya debo de estar muerto. Hace rato que estoy colgado de esta soga, balanceándome en el aire. Ya estoy frío. Caramba, si casi me estoy pudriendo”.

“Tubal Caín forja una estrella” es un cuento dominado por la imprecisión, el desequilibrio y la paranoia que “usa la utilería de la literatura fantástica, elementos propios de la psicosis : hiperestesia, muerto consciente, rogadicción, el doble, multiplicación de ciertos personajes, confusiones de espacio y tiempo” (1996). Hay también algunas las frases repetitivas vacías, que no tienen una razón aparente de aparecer (y reaparecer): “los ojos azules”, “el vértigo”, “la mujer de las escaleras”, o la obstinación por decir “Espacio tiempo… ¡Así, patas-arriba” en vez de “Tiempo y espacio”.

Opinión

Si algo bueno tiene este cuento es que llena de esperanza a quien aspire a ser escritor, pues vemos a un grande de la literatura como García Márquez en una etapa cruda, de poco atractivo y que solo en casi imperceptibles detalles deja ver los temas y formas que lo harán famoso en su madurez, como el mito (presente en esas referencias bíblicas encriptadas y forzadas), la muerte y la imagen de alguien comiendo tierra.

Como dice Vargas Llosa, “el relato es de lectura fastidiosa, por su artificiosidad injustificada, pero hay en él momentos eficaces”. Y tiene razón: yo tuve que leer cuatro veces el cuento, y en cada relectura me daba más pereza continuar; en la narración podemos notar cambios de voces y de perspectivas, así como un uso torpe e ineficaz de la técnica narrativa del “Flujo de conciencia”. Vargas Llosa resalta la alucinación con el padre que hay en un momento del cuento, yo pequeñas frases de una poética metafísica que, al leerlas, me hicieron detener la vista y repasarlas.

Persiguiendo un panorama que fue suyo en un tiempo perdido ya, confundido en ese invierno que llovía con dura insistencia sobre el paisaje desolado de la muerte” (p. 41)

Pero estas son solo pequeños y débiles golpes contra el knock out que le propina el cuento “Rosas artificiales” el cuento con quien compite “Tubal Caín forja una estrella” en la Batalla de Cuentos Gabo. Una victoria fácil, por supuesto, para un cuento escrito años después y con más ingredientes garciamarquianos.

Referencias

Y a ti, lector, ¿Qué te pareció el cuento Tubal-Caín forja una estrella?