Razones para destruir una ciudad – Humberto Ballesteros

En septiembre leí Razones para destruir una ciudad, la novela corta ganadora del Premio Nacional de Novela Ciudad de Bogotá de 2010, escrito por Humberto Ballesteros.

Esta lectura fue parte de  un experimento que empecé a hacer de descubrir escritores colombianos. Fui a la biblioteca de mi municipio, Sabaneta, y tomé de la sección de literatura colombiana este libro en una edición de la editorial Alfaguara. La portada era muy bonita y en la contraportada que decía había ganado un premio: qué prometedora.

Sinópsis

El libro cuenta la historia de Natalia, una mujer que desde niña siente que su hermana, más bella y exitosa, la opaca, y que para escapar de esta vida infeliz crea una ciudad llamada Venecia, que está inspirada en la misma Venecia de Italia. Allí todos son niños y la vida es feliz como no lo es en la realidad. En este monólogo en el que una Natalia, la que quiere destruir la ciudad y le reprocha a la otra Natalia lo débil e ilusa que fue siempre, se va contando la historia de cómo se creó la ciudad, y por qué debe ahora ser destruida, todo esto mientras se va narrando también la historia de la familia de Natalia, con sus padecimientos y fatales desenlaces.

 

Opinión

A pesar de que para mí ya constituye un mérito ser publicado y, además, ganar un premio, esta novela fue pesadísima de leer. La terminé solo por la esperanza de que mejorara, pero esto nunca pasó. Aunque los jurados la resaltaron por su “capacidad inventiva, poética e inteligencia” y por “su prosa bella, de ritmo cuidado y estructura pensada”, estas apreciaciones para mí parecen ser más de esa jerga empresarial tórrida, obscura y nebulosa que esconde imprecisiones y falsedades.

A esta novela no le encontré la poética, y ciertamente la prosa no me pareció bella sino que en el reproche que es toda la novela, terminé mareado por el cambio de voces esquizofrénico que. Hay que notar, y quizás esto es una cualidad por el hecho de haberse logrado, que la intención de la novela como monólogo reprochante se logra. Pero en la trama hay lugares comunes de la literatura, y un personaje principal que por momentos me parecía bella, pero la mayoría del tiempo desesperante.

Me cuido mucho en decir que la novela cae “en lugares comunes” porque esos lugares comunes son inherentes a la literatura. Si esta habla de la realidad humana, ¿cómo no mencionar la muerte, la envidia, el amor, el dolor, y todos los padecimientos y alegrías que dibujan nuestras vidas? Sin embargo, por esta misma condición insoslayable de tratar esos temas, se debe ser muy preciso para presentar de manera nueva esos viejos temas, y esta novela, para mí, no lo logra.

Tengo que decir que al final lo que más me gustó fue un personaje, un viejo tierno llamado Alcides. En la novela él es un viejo reflexivo y taciturno que ofrece la compañía y el sociego que necesita Natalia, y el que necesité yo en el torbellino nubloso que fue para mí la lectura. Es verdad que la historia tiene una inventiva interesante, pero no llega más que a eso.

Razones para destruir una ciudad – Humberto Ballesteros
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