Vida y obra de Lev Tólstoi – Diarios (1847-94)

Título: Diarios (1947 – 1894).
Autor: Lev Tolstói.
Año de publicación: 2002.
Páginas: 498.
Calificación en Goodreads: 5.

Diarios Lev Tolstói (1847 – 1894)

El conde Lev Nikolaiévich Tolstói nació el 28 de agosto de 1828 en Yásnaia Poliana, la hacienda de la familia Tolstói al sur de Moscú.

Lev fue el cuarto hijo varón de una familia perteneciente a la antigua nobleza rusa. Por ello, los niños Tolstói crecieron con lujos y comodidades como, por ejemplo, un sirviente de su misma edad que había de servirles toda su vida.

Los primeros años de Lev Tolstói fueron de gran inestabilidad y de una presencia constante de la muerte. Sus padres murieron cuando aún era un niño y él y sus hermanos pasaron al cuidado de su abuela y de sus tías en Moscú. Años después, volvieron a la hacienda en Yásnaia Poliana.

A los diez y siete años, Tolstói ingresa a la Universidad de Kazán a estudiar derecho. Estudia poco y mal. Las materias y los profesores lo aburren. Se pasa sus días universitarios haciendo lecturas que llamaban su atención y viviendo una vida descontrolada entregada al juego y a las fiestas. 

En 1847 regresa a Yásnaia Poliana y empieza a escribir los diarios que llevará por el resto de su vida.

Es a partir de allí se nos abre una ventana íntima al alma y a la vida del gran escritor ruso. Toda su cotidianidad, sus estados de ánimo, sus alegrías, preocupaciones, sus dudas y certezas, todo, queda contenido en estos diarios que Tosltói llevó durante sesenta y tres años, algunos años copiosos en entradas, otros escasos con apenas diez entradas o menos y algunos sin siquiera una.

A pesar de que he obtenido muchos logros desde que comencé a estudiarme a mí mismo, todavía estoy muy descontento con mi persona. Cuanto más avanza uno en la perfección de sí mismo, más defecto se encuentra, y Sócrates estaba en lo cierto al decir que el grado de perfección humana más alto es saber que no se sabe nada. 
(8 de abril, 1847)


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Juventud – un hombre en busca de la perfección.

Hace seis días que ingresé en la clínica (…) Pesqué una gonorrea por el motivo, ya se entiende, por el que se pesca…
(17 de marzo, 1847)

En la primera parte de los diarios de Lev, que comprende  parte de su adolescencia y su primera adultez, vemos a un joven Tolstói preocupado por empezar a cultivarse intelectual y físicamente. Por ello, son recurrentes en un principio entradas en las que crea unas “Reglas para el desarrollo de la voluntad corporal, afectiva, racional y para ‘someter los sentimientos de amor propio, y codicia’”.

Todas estas reglas, que detalla con minucia, se ven, sin embargo, rotas en la vida cotidiana. Continuamente Tolstói se reniega de no ser fiel a ellas y de caer en la pereza y el pecado con facilidad.

Es más fácil escribir diez volúmenes de filosofía que llevar a la práctica una sola regla, no importa cuál.
(17 de marzo, 1847)

Así pues, vemos a Tolstói planeando diferentes estrategias para el perfeccionamiento de sí mismo, entre las que se incluye un “Cuaderno de debilidades”, idea tomada Benjamin Franklin, quien anotaba diariamente en un cuaderno en qué se había desviado de sus reglas.

Regla: Es mejor probar y echar a perder (alguna cosa que pueda hacerse de nuevo) que no hacer nada.
(21 de marzo, 1851).

 

Tolstói va a la guerra

Hubo un desfile absurdo. Todos beben, sobre todo mi hermano, y para mí es muy desagradable. La guerra es algo tan injusto y tan malo que quienes combaten tratan de asfixiar en su interior la voz de la conciencia. ¿Estoy haciendo bien? Señor, dame la luz y perdóname si hago mal.

Hacia 1951, Tolstói se enrola como soldado y en 1852 es nombrado oficial. Durante su servicio recoge material para Los cosacos y publica Infancia y Adolescencia.

A pesar de que durante su servicio logra publicar obras y continúa con su constante perfección, durante este periodo sufre de problemas de adicción al juego donde pierde mucho dinero apostando. También es una época de sentimientos exaltados por las mujeres.

Hacia 1854 es trasladado a Crimea y después lucha como oficial en Sebastopol, en el epicentro de la guerra. Escribe varios textos sobre sus experiencias en la guerra y recoge material que le servirá para las magníficas descripciones del campo de batalla que hace en Guerra y paz.

El sentimiento de heroísmo, de servicio a la patria y de sentirse que ha hecho algo con su vida, lo conducen a mantenerse en el ejército a pesar de que constantemente reniega de la guerra y de las fuerzas militares. En noviembre de 1856 abandona su carrera militar y parte al extranjero.

Tolstói viaja por Europa

Lev Tolstói con Maksim Gorki, 1900.

Hacia 1855, Tolstói empieza a integrar los círculos intelectuales de Rusia. A pesar de que allí conoce a grandes escritores y artistas, y cultiva amistades con varios de ellos, como con Turguéniev, Tolstói reniega de los intelectuales y de sus reuniones.

En febrero de 1857 parte a un viaje hacia occidente. Conoce Varsovia, Berlín, Frankfurt, París y Lucerna (de donde surge la inspiración para su relato Lucerna)

Este viaje, que fue revelador para Tolstói, también le supuso grandes pérdidas de dinero en el juego que lo obligaron a volver sin un céntimo a San Petersburgo en agosto de ese año.

Su vuelta al campo y al aislamiento en Yásnaia Poliana trae consigo la creación de varias obras. Empieza a estudiar ciencias y pedagogía y crea una escuela para los siervos con tanto compromiso que incluso vuelva a viajar por Europa para conocer los métodos pedagógicos europeos.

Los siguientes años serán de gran trabajo en su hacienda donde promueve la emancipación de los siervos, pero estos se rehúsan en un principio.

Tolstói y su esposa Sofía.

Empiezan por entonces también sus preocupaciones morales, espirituales y la búsqueda de una esposa. Es entonces, hacia 1862, cuando conoce y se casa con Sofía Andréievna Bers quien da a luz a 13 hijos, dos de los cuales mueren antes de cumplir un año.

 

Vida en familia

Con 35 años, casado y con un prestigio literario importante, Tolstói empieza una de las etapas más fértiles y sosegadas de su vida. Escribe Los cosacos, Historia de un caballo y empieza a escribir la que será su más grande obra: Guerra y paz.

Durante este periodo Tolstói empieza a ser altamente crítico con la sociedad rusa, sus tradiciones y costumbres. Interviene en casos de injusticia y crímenes del estado ruso, denunciando abusos de autoridad e inequidad por parte del gobierno que lo llevan a ser vigilado de cerca por las autoridades rusas.

Hacia 1867 concluye Guerra y paz, una obra colosal que lo escalará a la cima de las letras rusas y le dará un prestigio que él nunca pudo asimilar del todo. Esto se hace evidente en las páginas del diario en una constante lucha contra la vanidad y el deseo de gloria a los que Tolstói se sentía muy tentado, pero que reprimía en busca siempre de la humildad y frugalidad.

Por esta época también se agudizan las periódicas crisis depresivas que lo llevan a cuestionarse sobre su trabajo, su talento y su papel en la sociedad.

Es entonces cuando va y viene entre el amor y el odio por la filosofía, por la religión (que lo conduce eventualmente a ser expulsado de la iglesia ortodoxa rusa), por la literatura y por su esposa, con quien empieza a tener grandes diferencias, sobre todo con respecto a la educación de los hijos, a la vida de lujos y a los derechos de sus obras.

Depresión y crisis creativa

H: ¿Por qué no escribe?
Yo: Es una ocupación vana.
H: ¿Por qué?
Yo: Hay demasiados libros, y no importa qué libro se escriba ahora, el mundo seguirá igual. Si Cristo viniera y diera el Evangelio a la imprenta, las damas tratarían de conseguir su autógrafo, y nada más. Debemos dejar de escribir, de leer y hablar, debemos actuar…
(25 de noviembre, 1888)

Escribir Guerra y paz, la novela épica sobre las conquistas napoleónicas, sume a Tolstói en un agotamiento y un hastío intelectual que lo hará alejarse de la creación literaria y, consecuentemente, mirará la literatura desde la distancia de una forma crítica y apática.

Hacia 1869 empieza uno de sus periodos más depresivos donde abandona la literatura y comienza a estudiar filosofía (lee a Kant y a Shopenhauer, del cual adquiere un retrato y lo coloca sobre su escritorio). Sin embargo, no abandona la lectura de obras literarias y por entonces estudia a Shakespeare, Moliere, Goethe, Pushkin, etc. También en esa época empieza a estudiar griego y llega a dominarlo.

Lee la reseña de Las penas del joven Werther, la clásica obra de Goethe.

¿Tengo talento en comparación con los nuevos escritores rusos? Decididamente no. Son las 10:30, voy a cenar. (30 de mayo, 1852)

Como parte de su divorcio con la literatura, se acerca a las ciencias y se dedica al estudio de la física, la astronomía, la biología, etc. Hace comentarios sobre las leyes de la ciencia y trata de configurar el mundo a partir de estas. No obstante, a pesar de su deseo de abandonar la literatura, comienza a expresar en su diario el deseo de escribir una obra literaria como un impulso incontrolable que no lo deja en paz. 

Así pues, en 1873 empieza a escribir Ana Karénina, su segunda novela más larga y conocida que abandonará varias veces durante los siguientes años, pero que quedará conclusa en 1877.

Esta crisis creativa y personal lo lleva también a abandonar la escritura de diarios durante trece años. Desde 1865 hasta 1878 no hay prácticamente ninguna entrada en los diarios, salvo por un par de pensamientos que había anotado en un cuaderno aparte. A pesar del deseo de volver a escribir diarios en 1878, no es sino hasta 1881 cuando vuelve en forma a los ellos.

Tolstói, de artista a moralista y profeta

Ya desde 1874, y a pesar de que no hay prácticamente ninguna actividad en los diarios por entonces, podemos notar que la actividad intelectual de Tolstói se vuelca totalmente hacia la reflexión espiritual.

La devoción a Dios, el seguimiento e interpretación de sus enseñanzas y una fuerte crítica a la iglesia se vuelven recurrentes en sus reflexiones.

Tolstói empieza escribir sobre el tema en diarios que son censurados en Rusia, pero que se publican en el extranjero. Estudia teología y de allí surge Crítica de la teología dogmática. Más tarde publica Concordancia y traducción de los cuatro Evangelios y hacia 1882 publica Mi religión y Mi confesión, una obra en la que intentará mostrar en toda su descarnada desnudez su vía crucis moral.

La dedicación de Tolstói a los ensayos y artículos sobre moral y religión lo llevan a discusiones con su esposa Sofía quien considera que con esto pierde su tiempo en tonterías. Sin embargo, Tolstói empieza a trabajar en su obra La muerte de Iván Ilich, que termina y publica en 1886.

Por esta época Tolstói empieza a considerar irse de Yásnaia Poliana y abandonar a su familia a quien considera inmoral y materialista. Esta incomodidad se hace explícita en los diarios y constantemente vemos entradas en las que relata peleas familiares y discusiones que tiene con sus hijos.

La razón de estas discusiones con su familia está en que Tolstói había empezado a llevar una vida ascética. Se vestía con ropa sencilla, trabajaba en el campo con los campesinos y se dedicaba a labores manuales como la zapatería, mientras que su esposa y sus hijos vivían una vida de lujos rodeada de siervos y ayudantes. 

En 1886 publica su famoso relato Cuánta tierra necesita un hombre.

Nos parece natural vivir con trabajadores sojuzgados para nuestra comodidad, como servidumbre…Incluso nos parece, como dijeron los niños, que nadie los obliga, que fue su elección ser lacayo, o, como dijo el preceptor: si una persona no se siente humillada por vaciar mi orinal, entonces no la estoy humillando (…). Sin embargo, toda esta situación es una cosa hasta tal punto contraria a la naturaleza humana que sería imposible, no sólo crear, sino imaginar una situación similar si no fuera la consecuencia de un cierto mal bien determinado que todos conocemos y que, nos persuadimos, hace mucho tiempo ha quedado atrás. Si no hubiera habido esclavitud, no se podría haber inventado nada semejante. Todo esto no sólo es la consecuencia de la esclavitud, sino la esclavitud misma, solo que de otra forma.”
(8 de noviembre. 1889).

Todas estas consideraciones sobre la servidumbre y sobre la posesión de bienes materiales, llevan a Tostói a considerar donar todas sus tierras a los campesinos, pero su familia se opone. Sin embargo, autoriza la libre publicación de sus obras posteriores a 1881. Su mujer se enfada y sostienen constantes peleas por esta razón. Finalmente Tolstói transfiere todos sus bienes a su mujer e hijos en 1892.

Este tomo de los diarios se interrumpe en este punto en 1894. El tomo II de los diarios del conde Lev Toltói abarca desde 1895 hasta su muerte en 1910.

Comentario

El punto de partida para comentar este libro debe de ser saber que no es una obra literaria.

No se puede juzgar este libro como se juzga a una ficción: por el cuidado de la prosa, por la construcción de los personajes, por el tratamiento de los temas, por el manejo de la trama. No. Unos diarios tienen que juzgarse bajo la luz de que son reflexiones personales escritas, muchas veces, de forma descuidada, donde muchas de las ideas no están desarrolladas de forma completa y clara, y donde los estados de ánimo, las épocas de la vida y demás circunstancias modelan el resultado final de lo que se escribe en el diario.

En los diarios se encuentra muchas veces el inicio de una obra literaria, de una idea o de un pensamiento. No han de juzgarse pues por su claridad, su validez o verdad huérfanas de la obra o acción final (en este caso las obras, ensayos y demás escritos de Tolstói).

Pero en un comentario sí se puede hablar sobre la identificación, correspondencia o pertinencia de las ideas y pensamientos expresados en cada entrada.

Así por, por ejemplo, podemos juzgar las ideas profundamente machistas y abundantes de Tolstói en los diarios. Podemos también sopesar sus ideas sobre la literatura, sobre la religión y la moral, sobre asuntos políticos o cómo actuaba ante los demás en sus iras y conflictos (que muchas veces él mismo se condenó en los diarios).

Pero de todo esto, donde más sería pertinente juzgar unos diarios, es en saber si fueron útiles para quien los escribe y para quien los leer y ¡Vaya que estos diarios fueron útiles para Tolstói y para mí como lector!

En estas hojas Tolstoi engendró sus ideas, las aclaró, las enfrentó y corroboró. Muchas de las cosas que escribió las desmiente o reafirma en épocas posteriores a haberlas escrito. En varias ocasiones el autor volvió a sus diarios para evaluar su progreso en determinados aspectos de su vida y encontró en ello sus mejoras o la continuidad de sus faltas.

Por otro lado, a mí como lector de estos diarios y como gran admirador de la obra de Tolstói, leer sus diarios me permitió conocer más de este gran escritor, entender sus obras, ver los orígenes y detonantes de varias de ellas, me permitió vivir con él las alegrías, tristezas y dificultades que le causaba la escritura y su proceso creativo.

Entrar a la mente y a la cotidianidad de Tóltoi me permitió también verlo como humano, como un hombre en constante preocupación por sí mismo, por el bienestar de su familia y el de su país. Me permitió ver sus luchas, conocer cómo las librara y aprender de ellas para de esa misma forma, o de una diferente, enfrentar las mías propias.

¿Cómo leí los diarios?

La lectura de estos diarios me generó un placer incalculable, me mostró cosas que me abrieron diferentes perspectivas y me permitió reafirmar posiciones ante mis ideas y mi vida.

La estructura de los diarios me permitía hacer de ellos mi lectura matinal, cuando antes de desayunar leía algunas entradas sin necesidad de sentarme mucho tiempo a leerlas. Estas pequeñas lecturas resultaron siendo muchas veces grandes reflexiones.

Fue maravilloso ver cómo la lectura de muchas de ellas coincidía con preocupaciones que por el momento yo también estaba viviendo, cómo parecía que las preocupaciones de Tolstói se alineaban con las mías y me permitían ver con más perspectiva los problemas que en el momento me aquejaban.

Como había leído ya la segunda parte de los diarios de Tólstoi hace varios años, sabía bien a qué me atenía al empezar estas., y por ello desde un principio inicié una labor de lectura reflexiva y atenta, en la que iba anotando y señalando los pasajes que sobre algún tema me parecían pertinentes.

Así logré crear un sistema de banderines de cinco colores con los que señalaba ideas sobre el proceso de escritura, sobre reflexiones de temas en general, sobre el estilo de vida y las prácticas de Tólstoi que me parecían replicables, sobre pensamientos o eventos que dieron lugar a obras de Tólstoi y, también, sobre aquellos pasajes o ideas del autor que me parecían del todo desfasadas.

En videos y entradas posteriores ahondaré más en cada uno de los temas, así que si alguno te interesa en especial, házmelo saber en los comentarios del post o del video. Los leeré todos para hacer contenido que le interese a los lectores y seguidores de El Estante Literario.

Estense pendientes porque después haré un video sobre pensamientos y reflexiones de Tolstói sobre la vida, y sobre el oficio de escribir.

¡Buena lectura! 😀

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