“Toco tu boca…” El Capítulo 7 de Rayuela es, sin duda, el más conocido de esta obra de Cortázar. Con su prosa poética y sus evocativas imágenes de amor logra un efecto que esconde una magia oculta. ¡Descúbrela en este análisis!

“Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca…”

Así empieza el capítulo siete de Rayuela, la famosa obra de Julio Cortázar que cuenta la historia de Horacio Oliveira, un argentino diletante que vive en París en medio de reflexiones filosóficas, noches de jazz y aventuras amorosas con la Maga.

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Muchos lectores de Rayuela encuentran en este capítulo una isla, un descanso a las elucubraciones metafísicas y filosóficas de Oliveira que parecieran por momento hacer pesada la lectura. El lenguaje sencillo y las imágenes claras y poéticas de este capítulo de Rayuela han resonado de tal forma en los lectores lo consideran uno de los mejores capítulos, lo han leído decenas de veces e incluso se lo saben de memoria (muchas veces sin siquiera haber leído la obra completa…lo digo porque me pasó a mí).

¿Pero qué hace a este capítulo tan especial? Leámoslo completo para entrar en materia.

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Capítulo siete de Rayuela

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.”

Julio Cortázar (1963).

La magia del Capítulo 7

“El capítulo de los cíclopes”, como también es llamado, es un poema de amor en prosa que, como todo poema, describe una imagen, una sensación, un sentimiento o una escena. En este caso, el capítulo siete dedica sus dos párrafos al encuentro de dos amantes (Oliveira y Maga) en un beso juguetón y lento descrito de forma sencilla y sin embargo enormemente evocativa: hay cíclopes, hay peces, está la tibieza del aliento, de la pasión y del deseo… está la luna.

El capítulo siete de Rayuela posee un ritmo que conduce fluidamente la lectura, un ritmo que se siente en el fondo de cada palabra, de cada verso.

¿De cada verso? ¡pero sí este no es un poema en verso!

Claramente no lo es.

El capítulo siete no es un poema en el sentido estructural de la palabra, es decir, no hay en el versos definidos, ni métricas ni estrofas. Pero una lectura atenta y cuidadosa revela que, en realidad, sí hay versos (marcados con una puntuación excesiva de 25 comas) y cadencias. También hay figuras literarias y retóricas que enriquecen las imágenes del poema y le dan esa sonoridad especial.

Con el perdón de mi amigo Julio Cortázar, me atreví a “formalizar” un poco este capítulo, a encerrarlo en las paredes del verso, en los límites de la estrofa para hacer más evidente las rimas y los recursos literarios que esconde este poema bajo su disfraz de prosa.

Esta es mi propuesta, no en extremo rigurosa, del capítulo siete de Rayuela en verso.

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Poema: capítulo siete de Rayuela

Toco tu boca

con un dedo toco el borde de tu boca

voy dibujándola como si saliera de mi mano

como si por primera vez tu boca se entreabriera

y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar.

Hago nacer cada vez la boca que deseo,

la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara,

una boca elegida entre todas,

con soberana libertad elegida por mí

para dibujarla con mi mano en tu cara,

y que por un azar que no busco comprender

coincide exactamente con tu boca

que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras,

de cerca me miras,

cada vez más de cerca

y entonces jugamos al cíclope,

nos miramos cada vez más de cerca (1)

y los ojos se agrandan,

se acercan entre sí,

se superponen y los cíclopes se miran,

respirando confundidos,

las bocas se encuentran y luchan tibiamente,

mordiéndose con los labios,

apoyando apenas la lengua en los dientes,

jugando en sus recintos

donde un aire pesado va y viene

con un perfume viejo y un silencio.

Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo,

acariciar lentamente la profundidad de tu pelo

mientras nos besamos como si tuviéramos la boca

llena de flores o de peces (2),

de movimientos vivos, de fragancia oscura.

Y si nos mordemos el dolor es dulce (3),

y si nos ahogamos en un breve

y terrible absorber simultáneo del aliento,

esa instantánea muerte es bella.

Y hay una sola saliva

y un solo sabor a fruta madura,

y (4) yo te siento temblar contra mí

como una luna en el agua.”

Análisis literario

Reorganizado en verso, vemos un poco más clara la estructura interna del poema: hay rimas al final de los “versos”, hay una tímida métrica, hay un cierto ritmo.

El escritor de El perseguidor (un cuento magnífico que es, de hecho. el germen de Rayuela), también usó en este poema varias figuras literarias que crean imágenes poéticas y efectos literarios claros. Aquí hay una explicación de algunas de ellas.

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Figuras literarias

  • (1) Aliteración: repetición de un mismo sonido o sonidos similares, sobre todo consonánticos, en una misma frase u oración con la finalidad de producir cierto efecto sonoro en la lectura.
    En este caso vemos que el sonido de la “s” es constante en palabras como “vezs cerca” “cíclope” “silencio”, etc.
  • (2) Metáfora: relación sutil de analogía o semejanza que se establece entre dos ideas o imágenes.
    “Nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces” es una imagen que recrea un movimiento suave, sedoso y húmedo.
  • (3) Oxímoron: figura literaria que consiste en generar contradicción, ironía o incoherencia en una frase al colocar palabras o ideas contrarias.
    “Dolor dulce” ¿el dolor es dulce, bueno? en este caso se da una contradicción a la naturaleza del dolor que, por lo general, se describe como fuerte, negativo, amargo.
  • (4) Anáfora: repetición rítmica de determinados sonidos o palabras al principio de un verso o de una frase.
    En esta última “estrofa” casi todos los “versos” empiezan con y, lo que le da un ritmo y un golpe especial al poema.

Como vemos, este poema en prosa esconde varias características de los poemas en verso comunes. Se puede notar, además, una rítmica y una métrica parecida en cada verso. Esta es la explicación de que el poema tenga esa cadencia, ese ritmo hipnótico que, junto a las imágenes que evoca, hace que nos guste tanto y que se haya convertido en una creación casi totalmente separada de Rayuela.

El trío

Y hay algo más: el capítulo siete de Rayuela es el único que se lee entre el 6 y el 8 en ambas formas de lectura propuestas: en la lineal, por supuesto, y en la propuesta en el Tablero de dirección al principio de la obra, donde el capítulo 6, 7 y 8 son los únicos que, en trío, aparecen junto.

La razón de esto es, quizás, porque esos tres capítulos se necesitan unos a otros y forman un todo: el capítulo 6 viene contando cómo Oliveria y la Maga juegan a encontrarse como por azar en París, cómo les sorprende que sus pasos siempre coincidan por casualidad y que de pronto se vean, se encuentren, y entonces ocurra el beso, ese beso que es “como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces…”. Luego viene el capítulo 8 que es, precisamente, sobre peces: cuando la Maga y Oliveira visitan la tienda de peces en París.

Yo creo que esta es la línea conductora de estos tres capítulos, esas “líneas de fuerza” que unieron los capítulos de Rayuela y que Cortázar menciona en su libro Clases de literatura en Berkeley (1980) cuando explica cómo eligió el orden de los capítulos de Rayuela.

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En definitiva, el capítulo siete de está para disfrutarlo una y otra vez y es, sin duda, uno de los mejores capítulos de Rayuela, junto con el capítulo 28 (sobre el que hice un trabajo de Maestría en Literatura), el capítulo 41 (que es, por cierto, el primero que escribió Cortázar)y el capítulo 98. Lo poderoso de la prosa poética y de las imágenes del capítulo 7, unido a lo conciso que es, hace que queramos leerlo una y otra vez. ¡Y qué decir de lo tierno, de lo lindo que es! (por cierto, si te gustan los poemas de amor, te recomiendo este artículo).

¡Buena lectura!

¿Cuál es tu parte favorita del capítulo siete de Rayuela?

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